Para muchas organizaciones, este tipo de emisiones representa una parte material y persistente de su huella de carbono, pero también una de las más difíciles de abordar.
En este contexto, los Certificados de Combustible de Aviación Sostenible (SAFc, por sus siglas en inglés) emergen como una forma práctica de actuar hoy sobre estas emisiones, sin necesidad de gestionar directamente el suministro físico de combustible.

¿Cómo funcionan los SAFc?
Al igual que los certificados de atributos energéticos (EACs) utilizados en electricidad renovable, los SAFc separan el atributo ambiental del combustible sostenible del producto físico en sí. Esto permite a las empresas respaldar y reclamar reducciones de emisiones vinculadas a lotes de combustible de aviación sostenible (SAF), sin estar directamente conectadas al lugar donde ese combustible se utiliza.
En la práctica, los SAFc conviven dentro de un ecosistema más amplio donde tanto aerolíneas como empresas cumplen un rol distinto:
- Las aerolíneas suelen comprar SAF —junto a certificados SAFc de Alcance 1— para su propio consumo de combustible, con el fin de cumplir con distintos mandatos regulatorios globales.
- Las empresas pueden comprar SAFc de Alcance 3 (provenientes de producción adicional de SAF) para abordar las emisiones generadas por sus viajes de negocios y logística.
- Ambos tipos de certificados se originan a partir del mismo combustible que entra a la cadena de suministro, pero se rastrean y asignan de manera separada.
Esta estructura permite que cada actor asuma la parte que le corresponde de las emisiones de aviación, mientras contribuye a escalar la producción de combustibles bajos en carbono.
Una distinción clave: mandatorio vs. adicional
Uno de los elementos centrales del modelo SAFc es la diferencia entre combustible mandatorio y adicional:
| Mandatorio: Se produce para cumplir con mandatos gubernamentales de mezcla de combustibles. Su uso genera certificados SAFc de Alcance 1, vinculados al cumplimiento regulatorio. | Adicional: Se produce y utiliza más allá de lo exigido por la regulación. Este uso puede generar certificados SAFc de Alcance 3, y es justamente aquí donde la acción voluntaria de las empresas juega un rol clave: sus compras crean el incentivo de mercado para producir SAF por sobre el nivel mínimo mandatado. |
Esta distinción es importante para las empresas: asegura que los SAFc adquiridos estén vinculados a combustible que va más allá del cumplimiento normativo, respaldando un crecimiento genuino del mercado en lugar de mantener el statu quo.
Un proceso simple, en 4 pasos
Una de las principales ventajas de los SAFc es que su implementación es sencilla y familiar para equipos que ya trabajan con instrumentos de mercado:
1. Definir la ambición:
Cuantificar las emisiones de aviación provenientes de viajes de negocios o carga, y establecer una meta de reducción.
2. Adquirir SAFc:
Comprar certificados de Alcance 3 vinculados a volúmenes verificados de SAF adicional utilizado en vuelos.
- 3.Rastrear y retirar:
Los SAFc se acreditan bajo esquemas de certificación de sostenibilidad reconocidos globalmente, y se gestionan a través de registros que garantizan su integridad ambiental y social, así como su trazabilidad desde la producción hasta el retiro final. - 4.Reportar y divulgar:
Utilizar la documentación de retiro para respaldar reportes internos y divulgaciones externas.
Este proceso refleja la misma simplicidad que ha hecho que los EACs sean ampliamente adoptados en los mercados de electricidad renovable: un punto de entrada claro, sin la complejidad de contratos de largo plazo o inversión directa en infraestructura.
Marcos de referencia: manteniéndolo simple
La contabilidad de los SAFc todavía está en desarrollo, con avances activos en distintas iniciativas de la industria y organismos normativos. Sin embargo, ya es claro que los SAFc:
- Siguen un modelo book-and-claim.
- Están respaldados por registros, esquemas de certificación de sostenibilidad reconocidos y documentación auditable.
- Se están desarrollando en línea con marcos como el GHG Protocol y el SBTi.
En este sentido, ambos marcos cumplen roles distintos pero complementarios: el GHG Protocol define cómo se miden y reportan las emisiones de aviación dentro del Alcance 3, mientras que el SBTi establece las expectativas sobre cómo las empresas deben reducir esas emisiones en el tiempo, priorizando la descarbonización directa y reconociendo, a la vez, el rol de los mecanismos de mercado en apoyar la transición del sistema.
Para las empresas, lo más relevante no es el detalle técnico, sino entender que los SAFc permiten tomar acción creíble hoy, apoyando el escalamiento del combustible de aviación sostenible y alineándose con la dirección que están tomando tanto los marcos de contabilidad como los de definición de metas climáticas.
¿Por qué es un buen punto de partida?
Los SAFc ofrecen a las empresas una manera concreta y accesible de comenzar a abordar sus emisiones de aviación dentro del Alcance 3, sin necesidad de comprometerse con acuerdos complejos de suministro de combustible. Se entienden como un complemento —no un reemplazo— de la reducción absoluta de emisiones dentro de la cadena de valor de una empresa, y representan un primer paso concreto hacia una estrategia climática más completa.













